Patrimonio

Entender el presente de la Trinidad supone asumir la idea de que el barrio es un conjunto de formas que se han ido construyendo a lo largo del tiempo. El primitivo arrabal situado a extramuros, aquel sector histórico que fue núcleo original, es el fundamento desde el que se explica su forma. Son las primeras trazas las que, a modo de semilla, han generado sus sucesivas ampliaciones. Comprender la Trinidad supone desentrañar y ver las primeras razones, en la lógica de su conformación.

Para conocer los antecedentes históricos de la construcción de la casa hermandad debemos situarnos en una época de la Málaga cofrade donde los medios económicos brillaban por su ausencia. Era el año 1934 cuando, en el seno del barrio trinitario y más en concreto en la iglesia de San Pablo, se instituye una hermandad de culto hacia la Virgen de la Trinidad. Durante años, sus cofrades no tuvieron lugar propio donde reunirse ni custodiar sus enseres de culto; éstos eran repartidos, una vez concluida la procesión, entre los cofrades que contaban con almacenes o mayor espacio en sus viviendas, quedando otros en la propia iglesia.

La historia de la iglesia de San Pablo, corre paralela a la evolución urbanística de Málaga y más concretamente a la del barrio de la Trinidad, lugar de su asentamiento. Un barrio que surge en el siglo XVI, mediante una retícula lineal de traza arquitectónica y organizada a la sombra del camino de un campamento que se transforma en cuartel de la Trinidad. Sus terrenos contaban con fructíferas huertas, regadas permanentemente cuando el río de la ciudad recogía las aguas de la cuenca.

Analizar la trayectoria devocional de esta advocación mariana constituye la clave de bóveda en la génesis de la cofradía como entidad aglutinadora de un puñado de fieles que dieron culto a la Madre de Dios. Es por ello por lo que se hace del todo necesario estudiar el primer icono para contextualizar la nueva obra gubiada por Buiza y que supuso una auténtica mutación estética.

La imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo obra de José Martín Simón [Granada, 1896-1971] responde dentro del ciclo pasionista al momento en el que Jesús, tras la Oración en el Huerto de Getsemaní y su posterior Prendimiento por parte de los sicarios de Judas Iscariote fue conducido preso y cautivo primeramente a casa de Anás, que era Sumo Pontífice aquel año. La vestidura alba del Señor está intrínsecamente relacionada no obstante, con el pasaje del Desprecio de Herodes puesto que en esta época se relacionaba este color con las personas presas de la locura. Con el paso del tiempo este tono de infamia se sublimó hasta tal punto que forma maridaje insolidum con la efigie que tallara Martín Simón.